La confianza es un gran trofeo que las personas suelen darse cuando el atleta del sentimiento se decide ir por ella, la vida premia y castiga, refuerza y condiciona modos de vida a partir de esta simple palabra que conlleva una gran responsabilidad.La confianza se regala a cambio de nada en la mayoría de los casos, y en muchos casos también, se regala a la persona equivocada, una persona que toma este trofeo como si fuese una carta desechable, una mirada sin sentido…
La explicación de lo que uno siente y la importancia que en uno tiene la otra persona muchas veces no tiene sentido ya que nunca el otro va a darse cuenta de la magnitud que tanta fidelidad lleva.
El desear el bienestar de otra persona para el que lo recibe debe ser un lujo, y no una moneda de intercambio, los sentimientos no deben pedirse cuando no llegan, solo queda aceptar la derrota y marcharse con la frente en alto.
Hay miradas que no dicen nada, mirada que dicen demasiado y miradas que mienten, que lastiman, que engañan y estafan, esas personas no merecen los premios de la vida, no merecen el regalo y el placer de la alegría y la tranquilidad.
Hay que entender en cierto momentos que el mundo no esta hecho de una sola persona, que el mundo no es una mierda y que la vida es una desgracia, debemos pensar que los malos momentos y el detectar las malas personas, como señales que gracias a la vida aparecen y podemos dejar de encerrarnos en esa cárcel que lo único que hace es traernos las pesadillas a este mundo, dejar el sueño para vivirlo y sufrirlo.
Dejemos atrás las pesadillas y las cárceles, solo encerrémonos en la libertad de sentir y solo exigirnos felicidad.